lunes, 30 de mayo de 2011

La hora sin nombre

¿Quién soy?
Soy la figura que espera en el horizonte
Soy el deseo más profundo y oculto,
aquel del que luego intentarás escapar.
Soy madre e hija de todos tus temores
Soy la caricia que limpia tus lágrimas,
después de ser la pena que te las provocó.
Soy el amante más discreto y apasionado
Soy la delicia más pura,
aquella que nadie se atreve a probar.
Soy la cura a ese dolor que tanto me gusta provocarte
Soy el sueño que se sueña despierto,
y se vuelve realidad con un cerrar de ojos.
Soy el punto final de cada oración
Soy lo único que ves cuando todo lo demás
comienza a desaparecer.
Soy el comienzo del mejor final.
Soy poco. Soy mucho. Soy nada. Soy todo.
Soy la hora de perecer.

martes, 17 de mayo de 2011

Sueños.

Anoche soñé que trabajaba en una fábrica de pipas y alpargatas, y el presidente de mi sindicado era Charles Chaplin. Mientras trabajábamos se podía escuchar como música de fondo a Pedro Guerra, a Sabina y a Piazzola. A la hora del almuerzo, Saramago me estaba esperando en la puerta para llevarme a comer unas bananas fritas a Cuba. Accedí sin pensarlo. Mientras degustábamos nuestra comida frente a un mural del Che, Saramago me ofreció hacer con él y con Sábato un tour personalizado por América Latina en las vacaciones de verano, porque los dos iban a estar libres por la fecha. Cuando terminamos, me llevó hasta mi casa en el sidecar de su scooter; como había tiempo, aprovechamos y visitamos unos amigos en La Quiaca, Rosario y Carlos Paz. Cuando llegué a casa me sentí invadida por una inspiración que nunca había experimentado, era mágica. Me senté y empecé a escribir la más hermosa de las historias, mientras tomaba unos mates infinitos con las facturas de crema pastelera más dulces del planeta.
Al rato me desperté, y resulta que me había sacado un 2 en matemática y para almorzar había arroz con brócoli. 

Qué lindos que son los sueños.

martes, 10 de mayo de 2011

Sólo soy el recuerdo de lo que alguna vez pareció el comienzo de un gran futuro. Supongo que ese futuro ahora se resume tan sólo a eso, un breve comienzo

lunes, 11 de abril de 2011

"No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo."


jueves, 31 de marzo de 2011

Ella es Carmen. Carmen mide 1,62m, pero le gustaría medir 1,65. Su pelo es marrón clarito, pero ella se pone feliz al decir que es un "bello castaño cobrizo". Su piel es bastante pálida, y bien decorada por una buena cantidad de lunares de todas las formas y tamaños. Más de una vez le dijeron que su voz no corresponde a su cara, que más bien parece la de una ginecóloga que ronda los 50, lo cual es bastante curioso, porque ella es docente de nivel primario, y hace alrededor de un mes cumplió 36. Respecto a lo físico, no hay mucho más que destacar.
Carmen trabaja por la mañana en una escuelita en el barrio de Avellaneda. Ella afirma con absoluta convicción que se enorgullece de no haber pisado jamás un colegio privado, pero por lo que nos consta, más de una vez miró con deseo las aulas del England Green College.
Cada mañana se levanta a las 6.15, se pone la ropa que dejó preparada la noche anterior y prende la tele para chequar la temperatura. Después de tomarse entre 5 y 6 mates, se va a lavar los dientes. Cuando se mira al espejo Carmen no ve más que a una extraña, pero ella no lo sabe. 7.05 Carmen ya está arriba del colectivo, revolviendo su cartera en busca de sus auriculares. Es una tarea bastante difícil, teniendo en cuenta el elevado número de cosas que se pueden encontrar en la cartera de Carmen. Entre ellas, una cartuchera; 2 cuadernos oficio y una carpeta de 3 solapas; un paquete de mentas abierto; un rimmel del cual ella no tiene registro; 8 o 9 monedas de 5 centavos que le da de vuelto la máquina del colectivo; un libro (probablemente de Isabel Allende) y un paquete de carilinas.
Cuando baja del colectivo, Carmen camina con pasos cortos pero ligeros. Más o menos cada 4 metros ella chequea que no haya baldosas flojas en su camino. Camina optimista, casi de buen humor. Carmen se cree completa y feliz mientras su vida transcurre su año número 37. Carmen no se encuentra nada raro en su pasado.
Carmen no sabe que sus papás le habían puesto Julia.

jueves, 17 de marzo de 2011

Ese fue probablemente el regreso a casa más largo que hubiera hecho en su vida. Sus pies le resultaban tan pesados que apenas podía caminar, pero a la vez tan ligeros que no podía determinar si realmente estaba parada en algún lado. Hacía rato que sentía que flotaba a la deriva, y aquello no parecía que fuera a cambiar pronto.
Aún daban vueltas en su cabeza todas y cada una de aquellas palabras, como despiadadas voces que disfrutan del placer de ser testigos de la progresiva destrucción de su cordura. De vez en cuando una de esas voces daba un grito voraz que desgarraba un poco más su corazón y la hacía perder el equilibrio.
Sentía que la palabra "pena" había dejado de tener sentido hace tiempo; ella ya había ido más allá, mucho más allá en ese inacabable túnel al desasociego. De nada servía ya llorar. Las lágrimas saladas ya no sanaban, sólo hacían arder al rojo vivo las heridas. Lo único que anhelaba era poder comer su propia carne y beber su propia sangre, y desaparecer en el infinito abrigo de la noche.
Sus trémulos pasos resonaban estridentes en oscuro pavimento de la calle desierta, y por un breve pero magnífico segundo, sintió que aquel mundo feroz le pertenecía. Supo que si se lo proponía, podría hacer suyas todas las alegrías de la tierra, porque ella ya habia visto, oído, olido y probado lo peor, y ahora tenía la certeza de que todo lo demás le resultaría una hermosa cosquilla en los pies. Porque después de todo, pensó, luego de tocar fondo sólo resta subir; subir y subir hasta que sus manos se quemen con las estrellas y pudiera disfrutar de ello.
De pronto el camino a casa dejó de ser largo, porque ella ya había llegado a casa hace tiempo...
La lágrima cayó de su ojo y recorrió su mejilla. Al llegar a la boca ésta la probo, y, para su sorpresa, le encontró el más dulce de los sabores.