Considero que hoy en día las cifras y todo lo que éstas conlleven, están sobreestimadas. Quiero decir que (y espero se me disculpe por ser tan reacia a todo aquello que implique el uso de una ciencia exacta), a los números, las estadísticas, los cálculos, etc. se les da un uso y una relevancia que a mi creer, va más allá de lo necesario. ¿Por qué todo tiene que estar necesariamente condicionado por una cifra, un horario, o una medida? ¿Por qué nuestras acciones, estimaciones y especulaciones se basan en números que restringen cualquier tipo de libertad de ese mismo accionar?
Soy plenamente consciente de que "Sí, las matemáticas, la física y demás ciencias exactas son absolutamente necesarias para la vida y bla bla blaaa..." Pero, creo firmemente que todas nuestras respuestas, pensamientos y suposiciones estarían mucho más abiertas a la imaginación, y resultarían mucho más interesantes si nos librásemos por unos instantes de esos benditos números.
-¿Cuánto pesas?- Peso mi piel, mis músculos, mis huesos y mi conscicencia.
-¿Cuánto medís?- Mido toda la distancia que separa mi cabeza del suelo
-¿Cuánto tardás en llegar al colegio a la mañana?- Más que en ir al kiosco, pero definitivamente menos que en llegar a Villa Gesell
-¿Cuánto dura la película?- Lo suficiente como para escuchar la discografía entera de Nirvana mientras la ves
-¿Qué te sacaste en la prueba de geografía?- una muestra de mi regularidad como estudiante.
Y así podría seguir un rato...Pero en serio, permítanse a ustedes mismos intentar comunicarse por algún rato (y por favor no lo cuenten) sin números, resulta muchísimo más complicado e interesante.
Y pido disculpas por no haber aportado nada a este blog en el día de la fecha, pero me parecio vital para mi salud mental el decir estas cosas....Gracias.
jueves, 4 de agosto de 2011
lunes, 25 de julio de 2011
Volar.
Saboreando margaritas, pensando en lo que no fue.
Mirando el sol cambiar de forma, peinando viejas ideas.
Llorándole a las nubes que pasan, bebiendo mares de incertidumbres.
El tiempo corre sin hacerse notar.
Las horas pasan, yo sigo en el mismo lugar.
Escondida debajo de mi cama, echando raíces.
Alimentándome de recuerdos que aún tengo que fabricar.
Inventando rimas nuevas,
Intentando descubrir aquello que desconozco.
Algún día lo lograré.
Talaré todas las ramas que me sostienen.
Abriré las ventanas de la vida,
Y partiré hacia aquel mundo de sorpresas.
No sé cuándo, no se cómo, no se con quién.
Pero sé que algún día lo lograré.
Algún día cambiaré mi rumbo.
Mirando el sol cambiar de forma, peinando viejas ideas.
Llorándole a las nubes que pasan, bebiendo mares de incertidumbres.
El tiempo corre sin hacerse notar.
Las horas pasan, yo sigo en el mismo lugar.
Escondida debajo de mi cama, echando raíces.
Alimentándome de recuerdos que aún tengo que fabricar.
Inventando rimas nuevas,
Intentando descubrir aquello que desconozco.
Algún día lo lograré.
Talaré todas las ramas que me sostienen.
Abriré las ventanas de la vida,
Y partiré hacia aquel mundo de sorpresas.
No sé cuándo, no se cómo, no se con quién.
Pero sé que algún día lo lograré.
Algún día cambiaré mi rumbo.
jueves, 7 de julio de 2011
Creo que encontré un enemigo común para todas las personas: el espejo.
A primera vista puede parecer inofensivo, inclusive hasta bastante útil...nada más alejado de la realidad. Si nos tomamos unos minutos (no muchos) para pensar en las consecuencias que pueden traer un simple reflejo en el espejo, les puedo asegurar (y por favor no se ponga en duda mi palabra), que se nos pondrían los pelos de punta a más de uno.
Lo que pasa es que nunca nadie miró realmente su reflejo en el espejo; nunca nadie le prestó una detenida atención a esa imágen en la pared que nos mira como quien no quiere la cosa. Y es así como todo acerca de nosotros nos parece corriente, no presenta ningún tipo de alteración a nuestra forma de vida (y por favor no se me malinterprete, no estoy hablando de banales cuestiones estéticas). Mi punto es que...el rostro que menos conocemos es el nuestro propio. Nadie nunca estuvo tanto tiempo mirándose a un espejo como para conocer hasta el último detalle de su anatomía, ni nadie fue jamás lo suficientemente introspectivo como para saber qué es lo que le pasa por dentro, y tampoco le interesa saberlo. Y esto, señores, es por miedo. Miedo a lo que se pueda encontrar, miedo a descubrir la verdadera persona que somos, a actitudes que se reprimieron toda la vida y están luchando por salir, a comprender que nunca comprenderemos nada, a darnos cuenta que somos todo lo que más odiábamos y nunca seremos lo que siempre quisimos ser, miedo a descubrir que en realidad no somos nadie.
Es por esto que siempre resulta tan fácil criticar a otros. Ver que no nos gusta su ropa, que no nos gusta lo que hizo con su pelo, que tiene una voz insoportable, que es un imbécil, un desconsiderado, un necio, un soberbio, una mala persona...Pero, ¿y vos qué? ¿Vos no sos nada de eso? ¿Por qué no dejás de opinar acerca del otro y te ocupás un poco de tus miles de defectos? Y bueno...eso es porque no querés admitir que los tenés.
He ahí mi conclusión. No es ni buena, ni mala, ni simple, ni sofisticada. Es. Y yo también soy. Y me da miedo ser.
A primera vista puede parecer inofensivo, inclusive hasta bastante útil...nada más alejado de la realidad. Si nos tomamos unos minutos (no muchos) para pensar en las consecuencias que pueden traer un simple reflejo en el espejo, les puedo asegurar (y por favor no se ponga en duda mi palabra), que se nos pondrían los pelos de punta a más de uno.
Lo que pasa es que nunca nadie miró realmente su reflejo en el espejo; nunca nadie le prestó una detenida atención a esa imágen en la pared que nos mira como quien no quiere la cosa. Y es así como todo acerca de nosotros nos parece corriente, no presenta ningún tipo de alteración a nuestra forma de vida (y por favor no se me malinterprete, no estoy hablando de banales cuestiones estéticas). Mi punto es que...el rostro que menos conocemos es el nuestro propio. Nadie nunca estuvo tanto tiempo mirándose a un espejo como para conocer hasta el último detalle de su anatomía, ni nadie fue jamás lo suficientemente introspectivo como para saber qué es lo que le pasa por dentro, y tampoco le interesa saberlo. Y esto, señores, es por miedo. Miedo a lo que se pueda encontrar, miedo a descubrir la verdadera persona que somos, a actitudes que se reprimieron toda la vida y están luchando por salir, a comprender que nunca comprenderemos nada, a darnos cuenta que somos todo lo que más odiábamos y nunca seremos lo que siempre quisimos ser, miedo a descubrir que en realidad no somos nadie.
Es por esto que siempre resulta tan fácil criticar a otros. Ver que no nos gusta su ropa, que no nos gusta lo que hizo con su pelo, que tiene una voz insoportable, que es un imbécil, un desconsiderado, un necio, un soberbio, una mala persona...Pero, ¿y vos qué? ¿Vos no sos nada de eso? ¿Por qué no dejás de opinar acerca del otro y te ocupás un poco de tus miles de defectos? Y bueno...eso es porque no querés admitir que los tenés.
He ahí mi conclusión. No es ni buena, ni mala, ni simple, ni sofisticada. Es. Y yo también soy. Y me da miedo ser.
martes, 28 de junio de 2011
En cuanto desperté supe que algo no andaba bien.
Era raro, como si de repente todo mi cuerpo me pesara menos. Me resultaba dificil moverme, parecía que todo a mi alrededor tenía más fuerza que yo. Curiosamente no me importó, como casi todas las cosas en los últimos días. De todas maneras resultaba un poco molesto: dar un solo paso me tomaba alrededor de 30 segundos, y tenía que hacer muchísima fuerza para llegar al suelo; la más mínima brisa me arrastraba por todas partes; y estaba transpirando bastante más que de costumbre...
"Qué complicado resulta todo", pensé. A la vida no le bastaba con llenarme de piedras, baches y tornados el camino, además me tenía que hacer intangible y liviana como una pluma para que me fuera directamente imposible seguir ese camino.
La situación se estaba agravando, ahora mis pies habían comenzado a desvanecerse. Naturalmente, las condiciones en las que me encontraban no podían de ninguna manera ser las reales; debía tratarse meramente de una alucinación, producto de hacer una proyección en mi propio cuerpo de lo que yo creía que era mi relación con el mundo: al mundo no le importaba que yo existiera, y a mi no me importaba existir en el mundo.
Ya había perdido mis piernas, y ahora mi torso estaba siendo la víctima de este inexplicable cambio en mi fisonomía. Estaba experimentando una serie de sentimientos encontrados: por un lado, sería una pena no poder ya disfrutar de una caminata en otoño un domingo por la tarde; pero por otro lado, la idea de tener la capacidad de volar libremente sin algo que pegara a la tierra resultaba más que tentadora.
A estas alturas, el dilema ya importaba poco. La única parte que restaba visible de mi cuerpo era mi cabeza. Primero, desarapecieron mis orejas, después mi pelo, después las cejas, después el mentón, después los cachetes, después los ojos...Lo último en desaparecer fue mi boca. Ésta sonreía, ya que había descubierto que mi cuerpo no había simplemente desaparecido, se había evaporado (muy poéticamente, si se me permite decir) en el aire, y había creado mi propia nube.
Esta nube recorrió sin apuros todo el mundo, se fue uniendo a otras y haciendo más grande, hasta conformar una inmensa nube que cubría toda la tierra. Y de pronto, comenzó a llover.
Y fue así como logré llegar a todas partes del mundo: mojé las mejillas de una anciana en Nepal, limpié las manos de una niña somalí, arruiné el peinado de una joven canadiense, humedecí los labios de un frencés enamoradizo, resbalé en la caparazón de una tortuga gigante en las Galápagos, y cambie los planes de un grupo de amigos en la costa de Brasil.
Lo más curioso es que...nunca antes había sido tan feliz como en aquel primer día de mi no vida.
Era raro, como si de repente todo mi cuerpo me pesara menos. Me resultaba dificil moverme, parecía que todo a mi alrededor tenía más fuerza que yo. Curiosamente no me importó, como casi todas las cosas en los últimos días. De todas maneras resultaba un poco molesto: dar un solo paso me tomaba alrededor de 30 segundos, y tenía que hacer muchísima fuerza para llegar al suelo; la más mínima brisa me arrastraba por todas partes; y estaba transpirando bastante más que de costumbre...
"Qué complicado resulta todo", pensé. A la vida no le bastaba con llenarme de piedras, baches y tornados el camino, además me tenía que hacer intangible y liviana como una pluma para que me fuera directamente imposible seguir ese camino.
La situación se estaba agravando, ahora mis pies habían comenzado a desvanecerse. Naturalmente, las condiciones en las que me encontraban no podían de ninguna manera ser las reales; debía tratarse meramente de una alucinación, producto de hacer una proyección en mi propio cuerpo de lo que yo creía que era mi relación con el mundo: al mundo no le importaba que yo existiera, y a mi no me importaba existir en el mundo.
Ya había perdido mis piernas, y ahora mi torso estaba siendo la víctima de este inexplicable cambio en mi fisonomía. Estaba experimentando una serie de sentimientos encontrados: por un lado, sería una pena no poder ya disfrutar de una caminata en otoño un domingo por la tarde; pero por otro lado, la idea de tener la capacidad de volar libremente sin algo que pegara a la tierra resultaba más que tentadora.
A estas alturas, el dilema ya importaba poco. La única parte que restaba visible de mi cuerpo era mi cabeza. Primero, desarapecieron mis orejas, después mi pelo, después las cejas, después el mentón, después los cachetes, después los ojos...Lo último en desaparecer fue mi boca. Ésta sonreía, ya que había descubierto que mi cuerpo no había simplemente desaparecido, se había evaporado (muy poéticamente, si se me permite decir) en el aire, y había creado mi propia nube.
Esta nube recorrió sin apuros todo el mundo, se fue uniendo a otras y haciendo más grande, hasta conformar una inmensa nube que cubría toda la tierra. Y de pronto, comenzó a llover.
Y fue así como logré llegar a todas partes del mundo: mojé las mejillas de una anciana en Nepal, limpié las manos de una niña somalí, arruiné el peinado de una joven canadiense, humedecí los labios de un frencés enamoradizo, resbalé en la caparazón de una tortuga gigante en las Galápagos, y cambie los planes de un grupo de amigos en la costa de Brasil.
Lo más curioso es que...nunca antes había sido tan feliz como en aquel primer día de mi no vida.
lunes, 20 de junio de 2011
mis muertos en el cajón
Sin afán de presumir, regodearme o jactarme de nada, decidí hacer una breve mención de ciertas cosas. Cosas que no estoy muy segura que diría si alguien me las preguntara a la cara, o por lo menos lo pensaría varias veces antes de responder.
Léase atentamente que no recurro a este medio para desahogarme y ahorrar los pesitos de terapia. Simplemente me pareció oportuno sincerarme un poquito más con el mundo, y dejarle las cosas lo más claras posibles a aquellos que tengan la voluntad de leerlas (de más está aclarar que aquí nadie está obligado a nada).
Aclarado ya todo, les doy la bienvenida a esas cositas que puede que Candela nunca te cuente:
- Una vez me hice el alisado permanente
- Tuve piojos hasta avanzada mi pubertad
- Después de 5 años de tocar la guitarra, aún me es imposible afinarla sin ayuda de mi afinador
- Durante varios años de mi educación primaria, estuve segura de que iba a terminar siendo lesbiana
- Tengo un severo fetichismo con la gente pelirroja
- Una vez me puse a bailar frente al espejo para ver cómo lo hacía
- Cuando digo que no tengo monedas para prestarte, sólo la menor parte de las veces es cierto
- Aún conservo mis CDs de Bandana, Avril Lavigne, Hilary Duff y ABBA teens
- Tengo muchas ganas de volver a tener un álbum de figuritas para completar
- Me hice pis en la cama como hasta los 5 años
- Yo también le pedía a la gente que me firmara el fotolog
- Veo cuanto reallity de Sony o People & Arts se me pase por enfrente
- Me siento capaz de decir estas cosas porque sé que sólo lo leerán alrededor de 2 personas
Mi nombre es Candela Paruelo y soy así. Mucho gusto.
Léase atentamente que no recurro a este medio para desahogarme y ahorrar los pesitos de terapia. Simplemente me pareció oportuno sincerarme un poquito más con el mundo, y dejarle las cosas lo más claras posibles a aquellos que tengan la voluntad de leerlas (de más está aclarar que aquí nadie está obligado a nada).
Aclarado ya todo, les doy la bienvenida a esas cositas que puede que Candela nunca te cuente:
- Una vez me hice el alisado permanente
- Tuve piojos hasta avanzada mi pubertad
- Después de 5 años de tocar la guitarra, aún me es imposible afinarla sin ayuda de mi afinador
- Durante varios años de mi educación primaria, estuve segura de que iba a terminar siendo lesbiana
- Tengo un severo fetichismo con la gente pelirroja
- Una vez me puse a bailar frente al espejo para ver cómo lo hacía
- Cuando digo que no tengo monedas para prestarte, sólo la menor parte de las veces es cierto
- Aún conservo mis CDs de Bandana, Avril Lavigne, Hilary Duff y ABBA teens
- Tengo muchas ganas de volver a tener un álbum de figuritas para completar
- Me hice pis en la cama como hasta los 5 años
- Yo también le pedía a la gente que me firmara el fotolog
- Veo cuanto reallity de Sony o People & Arts se me pase por enfrente
- Me siento capaz de decir estas cosas porque sé que sólo lo leerán alrededor de 2 personas
Mi nombre es Candela Paruelo y soy así. Mucho gusto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

