martes, 14 de junio de 2011
sábado, 11 de junio de 2011
Pensando en vos me puse a caminar. Pasé por diferentes lugares y noté que las cosas estaban ligeramente distintas...
Caminando de costado, me topé con una nube en la vereda. Me tropéce y caí hacia arriba y enseguida me levanté para abajo.
Ví un águila agotarse del planear en el infinito. Descendió y se tómo el subte, la línea D.
Al llegar al mar, contemplé la puesta del sol por el norte. Las olas me perseguían por la izquierda, por la derecha, por adelante y por atrás.
Tomé un puñado de arena y no se me escapó ni un sólo granito. Agarré 4 tiras de agua y me puse a hacer macramé.
Pasé por Córdoba sin oír ni un solo cuarteto. Los cordobeses se habían vuelto alérgicos al fernet.
Pude llegar caminando hasta Italia, y el Atlántico no se interpuso en mi camino. Ví a la Torre de Pizza caerse para el otro lado.
En Francia se les había acabado el queso, el vino y el paté. Ahora se bañan todos los días.
Emocionada arribé a África, y disfruté viendo a los animales en jeeps fotografiando compulsivamente a hombres asustados y perdidos.
Ya de vuelta en mi habitación, me miré al espejo. Mis brackets habián sido reemplazados por pequeños caramelos masticables. Y mi pelo lacio era amarillo como el sol.
Sin alarmarme me recosté en la cama, sonriendo. Mientras me iba dando cuenta de cómo rompías con todos los esquemas (los del mundo y los míos), pensaba: cómo me encantás.
Caminando de costado, me topé con una nube en la vereda. Me tropéce y caí hacia arriba y enseguida me levanté para abajo.
Ví un águila agotarse del planear en el infinito. Descendió y se tómo el subte, la línea D.
Al llegar al mar, contemplé la puesta del sol por el norte. Las olas me perseguían por la izquierda, por la derecha, por adelante y por atrás.
Tomé un puñado de arena y no se me escapó ni un sólo granito. Agarré 4 tiras de agua y me puse a hacer macramé.
Pasé por Córdoba sin oír ni un solo cuarteto. Los cordobeses se habían vuelto alérgicos al fernet.
Pude llegar caminando hasta Italia, y el Atlántico no se interpuso en mi camino. Ví a la Torre de Pizza caerse para el otro lado.
En Francia se les había acabado el queso, el vino y el paté. Ahora se bañan todos los días.
Emocionada arribé a África, y disfruté viendo a los animales en jeeps fotografiando compulsivamente a hombres asustados y perdidos.
Ya de vuelta en mi habitación, me miré al espejo. Mis brackets habián sido reemplazados por pequeños caramelos masticables. Y mi pelo lacio era amarillo como el sol.
Sin alarmarme me recosté en la cama, sonriendo. Mientras me iba dando cuenta de cómo rompías con todos los esquemas (los del mundo y los míos), pensaba: cómo me encantás.
domingo, 5 de junio de 2011
cosita para vos.
23, 24, 25, 26, 2....2....uy, perdí la cuenta. Vamos de nuevo: 1, 2, 3, 4, 5....no, definitivamente es imposible, ¡tenés demasiadas pecas !
Te digo esto y al principio te ofendés. Te miro un ratito a los ojos hasta que te das cuenta y te empezás a reír. Te reís un poco más fuerte. Te estás riendo demasiado. Me estás empezando a preocupar, tu cara está de un dudoso color bermellón. Te seguís riendo como si tu vida dependiera de ello; lo curioso es que parece que al reírte en realidad estás perdiendo la vida.
Me causas gracia. Me empiezo a reír yo también, aunque poquito, ya estoy bastante acostumbrada a que te pasen estas cosas. Al rato paramos y esperamos a que se los relajen las mejillas.
Después te ponés seria y me decís que tenés un grave problema. Me lo decís con una cara tan trágica que pienso que me vas a contar que te tenés que ir del país por 6 años. Finalmente me empezás a contar aquello que te atormenta. Te alterás bastante, decís que no entendés nada ni a nadie, que das vueltas, que te dan vueltas, que no sabés que hacer, que estás confundida, que te dijeron algo pero capaz te querían decir otra cosa, que no sabés lo que te gusta o lo que no te gusta, que sentís que estás a punto de colapsar mentalmente.
Mientras hablás infinitamente a una velocidad incomprensible, mezclando palabras, haciengo miles y miles de gestos porque no sabés expresarte, yo me voy dando cuenta que estás exagerando.
Te digo: "pará, pará....calmate un poco." Te pongo los pensamientos en orden. Te hablo con voz tranquila y pausada. Intento tranquilizarte. Finalmente lo logro. Me pegruntás cómo podía entender lo que me estabas diciendo, porque ni vos misma te entendías. Te contesto: "porque te conozco. Te conozco bien". Sonrío. Sonreís. Me das las gracias por ayudarte.
No, gracias a vos por hacerme ser lo que soy.
Te digo esto y al principio te ofendés. Te miro un ratito a los ojos hasta que te das cuenta y te empezás a reír. Te reís un poco más fuerte. Te estás riendo demasiado. Me estás empezando a preocupar, tu cara está de un dudoso color bermellón. Te seguís riendo como si tu vida dependiera de ello; lo curioso es que parece que al reírte en realidad estás perdiendo la vida.
Me causas gracia. Me empiezo a reír yo también, aunque poquito, ya estoy bastante acostumbrada a que te pasen estas cosas. Al rato paramos y esperamos a que se los relajen las mejillas.
Después te ponés seria y me decís que tenés un grave problema. Me lo decís con una cara tan trágica que pienso que me vas a contar que te tenés que ir del país por 6 años. Finalmente me empezás a contar aquello que te atormenta. Te alterás bastante, decís que no entendés nada ni a nadie, que das vueltas, que te dan vueltas, que no sabés que hacer, que estás confundida, que te dijeron algo pero capaz te querían decir otra cosa, que no sabés lo que te gusta o lo que no te gusta, que sentís que estás a punto de colapsar mentalmente.
Mientras hablás infinitamente a una velocidad incomprensible, mezclando palabras, haciengo miles y miles de gestos porque no sabés expresarte, yo me voy dando cuenta que estás exagerando.
Te digo: "pará, pará....calmate un poco." Te pongo los pensamientos en orden. Te hablo con voz tranquila y pausada. Intento tranquilizarte. Finalmente lo logro. Me pegruntás cómo podía entender lo que me estabas diciendo, porque ni vos misma te entendías. Te contesto: "porque te conozco. Te conozco bien". Sonrío. Sonreís. Me das las gracias por ayudarte.
No, gracias a vos por hacerme ser lo que soy.
lunes, 30 de mayo de 2011
La hora sin nombre
¿Quién soy?
Soy la figura que espera en el horizonte
Soy el deseo más profundo y oculto,
aquel del que luego intentarás escapar.
Soy madre e hija de todos tus temores
Soy la caricia que limpia tus lágrimas,
después de ser la pena que te las provocó.
Soy el amante más discreto y apasionado
Soy la delicia más pura,
aquella que nadie se atreve a probar.
Soy la cura a ese dolor que tanto me gusta provocarte
Soy el sueño que se sueña despierto,
y se vuelve realidad con un cerrar de ojos.
Soy el punto final de cada oración
Soy lo único que ves cuando todo lo demás
comienza a desaparecer.
Soy el comienzo del mejor final.
Soy poco. Soy mucho. Soy nada. Soy todo.
Soy la hora de perecer.
Soy la figura que espera en el horizonte
Soy el deseo más profundo y oculto,
aquel del que luego intentarás escapar.
Soy madre e hija de todos tus temores
Soy la caricia que limpia tus lágrimas,
después de ser la pena que te las provocó.
Soy el amante más discreto y apasionado
Soy la delicia más pura,
aquella que nadie se atreve a probar.
Soy la cura a ese dolor que tanto me gusta provocarte
Soy el sueño que se sueña despierto,
y se vuelve realidad con un cerrar de ojos.
Soy el punto final de cada oración
Soy lo único que ves cuando todo lo demás
comienza a desaparecer.
Soy el comienzo del mejor final.
Soy poco. Soy mucho. Soy nada. Soy todo.
Soy la hora de perecer.
martes, 17 de mayo de 2011
Sueños.
Anoche soñé que trabajaba en una fábrica de pipas y alpargatas, y el presidente de mi sindicado era Charles Chaplin. Mientras trabajábamos se podía escuchar como música de fondo a Pedro Guerra, a Sabina y a Piazzola. A la hora del almuerzo, Saramago me estaba esperando en la puerta para llevarme a comer unas bananas fritas a Cuba. Accedí sin pensarlo. Mientras degustábamos nuestra comida frente a un mural del Che, Saramago me ofreció hacer con él y con Sábato un tour personalizado por América Latina en las vacaciones de verano, porque los dos iban a estar libres por la fecha. Cuando terminamos, me llevó hasta mi casa en el sidecar de su scooter; como había tiempo, aprovechamos y visitamos unos amigos en La Quiaca, Rosario y Carlos Paz. Cuando llegué a casa me sentí invadida por una inspiración que nunca había experimentado, era mágica. Me senté y empecé a escribir la más hermosa de las historias, mientras tomaba unos mates infinitos con las facturas de crema pastelera más dulces del planeta.
Al rato me desperté, y resulta que me había sacado un 2 en matemática y para almorzar había arroz con brócoli.
Qué lindos que son los sueños.
Al rato me desperté, y resulta que me había sacado un 2 en matemática y para almorzar había arroz con brócoli.
Qué lindos que son los sueños.
martes, 10 de mayo de 2011
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